sábado, 5 de mayo de 2012

El proto nazi de hoy: San Lucas


PRIMER PUESTO: San Lucas
SEGUNDO PUESTO: San Mateo
TERCER PUESTO: San Juan Crisóstomo


Como mi esposo dos por tres despotrica contra algunos documentos y declaraciones conciliares en particular, me puse a buscar algunas cosillas que pueden llegar a ser de utilidad. 

A esta altura, no me convence eso de ver "lo que quiso decir" tal o cual documento, sino lo que efectivamente DIJO el documento. Porque como decía un amigo: los documentos están para aclararnos a nosotros, no nosotros para aclarar los documentos. 

Les dejo los mini textos, y no hago aclaraciones porque parafraseando a San Ignacio: "la bloggera supone que el lector posee entendimiento".

Independientemente de la conclusión a la que llegué, ni pienso decirle a mi marido que tenía razón... sólo pienso admitir que "hay algo raro".
Hechos de los Apóstoles
22 Israelitas, escuchen: A Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen, 23 a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles.

 Mateo 27,25
“¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!”

San Juan Crisóstomo
“Pero ahora vosotros habéis eclipsado todas las maldades del pasado, pero de ningún modo dejasteis atrás el grado sumo del delito, mediante vuestra locura cometida contra Cristo. Por ello estáis ahora siendo castigados peor aún que en el pasado. Toda vez que, si ésa no es la causa de vuestra actual deshonra, ¿por qué motivo, aun siendo vosotros unos asesinos de niños, Dios se contentó con vosotros en otro tiempo y en cambio vuelve ahora la espalda a quienes llegan a tales atrevimientos? Verdaderamente está claro que os atrevisteis a un delito mucho mayor y peor que el infanticidio y que cualquier delito asesinando a Cristo”. 
Tomado de www.vatican.va


Nostra Aetate
 
(Pt. 4, 6º párrafo) Aunque las autoridades de los judíos con sus seguidores reclamaron la muerte de Cristo, sin embargo, lo que en su Pasión se hizo, no puede ser imputado ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy. Y, si bien la Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios, no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas Escrituras. Por consiguiente, procuren todos no enseñar nada que no esté conforme con la verdad evangélica y con el espíritu de Cristo, ni en la catequesis ni en la predicación de la Palabra de Dios.

7 comentarios:

  1. Hola, Esposa. Qué buen blog.

    Asombroso lo que cuentas, jamás me había dado cuenta. ¿Cómo es posible que cometieran ese error al redactar el texto conciliar? ¿Es posible que no conocieran bien los textos que citas del Evangelio?

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  2. Estimada señora

    Sería interesante compatibilizar estos textos que Ud. trae con el capítulo 11 de la carta de San Pablo a los Romanos. El tema es bastante complicado: Israel es y no es.

    A mí ahora no me da el cuero, por eso pregunto a los que saben más.

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    1. Lo único que me animo a decir es que este pasaje de la carta no puede leerse desprendido del anterior, en el que el Apóstol dice que los judíos tienen celo, aunque este sea “mal entendido”, “Porque desconociendo la justicia de Dios y tratando de afirmar la suya propia, rehusaron someterse a la justicia de Dios, ya que el término de la Ley es Cristo, para justificación de todo el que cree”.

      Creo que es un tirón de orejas para los romanos, exortandolos a que “no se la crean”, ya que sin ese pueblo, nosotros no tendríamos redentor.

      En la tradición de la Iglesia, siempre se ha entendido que es judío pérfido, aquel que no reconoce a Cristo como mesías. Es decir, que esto concuerda perfectamente con ese “resto elegido gratuitamente” del versículo 5 del capítulo 11.
      El "otro" resto, se hace reo de la pena que pidieron sus padres.

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    2. Estimada señora

      Le he seguido dando vueltas al tema y apunto lo siguiente, por partes, como dijo Jack el destriprador:

      1- La primera parte de la cita de Nostra Aetate me parece que no supone mayor problema: de ninguno de los textos que Ud. colocó arriba se deduce algo contrario a que "lo que en su Pasión se hizo, no puede ser imputado ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy". Imputarselos a todos sin distinción sería bastante injusto, me parece, aunque las consecuencias sí sean para todos.
      2- Respecto a "no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas Escrituras", pregunto ¿se deduce esto de las sagradas escrituras? Cito a San Pablo en la carta a los Romanos Capítulo 11

      1 Entonces me pregunto: ¿Dios habrá rechazado a su Pueblo? ¡Nada de eso! Yo mismo soy israelita, descendiente de Abraham y miembro de la tribu de Benjamín.

      2 Dios no ha rechazado a su Pueblo, al que eligió de antemano
      ...
      29 Porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables.

      Disculpe que haga de "abogado del diablo" pero no me parece que las Escrituras hablen de reprobados de Dios ni malditos, ni en los textos que Ud. citó y menos en los de San Pablo. Otra cosa es que sean pérfidos que significa desviados de la fe, que eso sí son; pero eso no es sinónimo de reprobados ni malditos.

      Sigo mascullando el tema.

      Saludos cordiales

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  3. El tema va mucho más lejos por cuanto creo que hay una declaración de la Santa Sede posterior que extiende a todos los Santos Padres lo que Nostra Aetate aplica a la Sagrada Escritura.

    Pero en sí el tema es muy simple:

    -En cuanto al delito de Deicidio lo que dice Nostra Aetate es una verdad de perogrullo: no hay la misma culpabilidad en todas las generaciones de judíos ni en todos los miembros de cada generación: "no puede ser imputado ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy" salvo que queramos ser injustos.

    Para la generación de Jesús, hubo justos que no consintieron en tal muerte fuera del grupo de los discípulos, otros obraron de buena fe engañados por aquellos en quienes confiaban como autoridad divina y otros simplemente fueron deshonestos, despreocupados, ignorantes, rudos, etc. Las generaciones posteriores son exoneradas en parte por el mismo Evangelio que nos cuenta como han sido engañados los judíos por aquellas autoridades del tiempo de Cristo hasta el día de hoy. Los cristianos no aplicamos la culpa delictiva de padres a hijos, es una enseñanza clara. Aunque eso no quiere decir que un pueblo no sufra solidariamente las consecuencias del pecado de sus dirigentes o los hijos la de sus padres y que eso forme parte de la providencia divina para corregir a las naciones y regir la historia (así lo enseña Santo Tomás, por ejemplo).

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  4. -En cuanto a la maldición el texto se opone a la concepción que entiende a Israel como un pueblo maldito o aborrecido por Dios en cuanto enseñado por la Sagrada Escritura. A este caso habría que decir que los únicos que son malditos realmente en la Escritura son los condenados. Toda persona puede enmendarse y convertirse siempre que esté en la vía y no hay maldición alguna de Dios sobre ella una vez entregada la sangre de Cristo por todos los hombres, aunque no aproveche a todos.

    Pero esto no quiere decir que históricamente el ocaso de Israel como pueblo venga precisamente de haber repudiado a su mesías. No es maldición de Dios, sino ley natural y un misterio en el que Dios obra endureciendo el corazón de los israelitas. Cuando una sociedad reniega del principio que la funda como tal no puede sino deshacerse. E Israel, como pueblo y nación, al rechazar al Mesías, a aquel que esperaron todos los patriarcas y del que hablaron los profetas, pues no puede sino deshacerser. "Has tropezado, te has salido del camino, te has caido, te has estrellado y te has roto, Israel" es el lamento que un santo padre español de raices judías, San Julián de Toledo, dirigirá a los judíos en su obra apologética. Esto es un misterio, porque es Dios el que ha endurecido el corazón de tantos particulares de esta nación para que como nación siga apartada de los designios divinos de conversión a Cristo. Creo que era San León Magno el que decía que se debía dejar en paz a los judíos porque Dios había endurecido sus corazones.

    Pero no todo está perdido para Israel como nación. Sabemos que al final Dios cumplirá sus promesas e Israel, al menos el resto de israel que permanece fiel, reconocerá en Cristo al Mesías prometido. Es un evento histórico pero también escatológico, tal como anticipa San Pablo: una resurrección de entre los muertos y de hecho el anticipo de la Parusía de Nuestro Señor.

    Es obvio que en estos temas de endurecimiento se habla de Israel como nación y como pueblo. Como particulares son sujetos de redención y de gracia y miles de judíos se bautizaron con fe y dieron testimonio de Cristo, a veces hasta el martirio, tal como seguirán haciéndolo hasta el fin de los tiempos. ¿Por qué no ibamos a predicarles a su salvador?

    No hay que olvidar que aparte del sentido literal e histórico de la elección de un pueblo, el AT nos enseña con ello otros sentidos que se nos aplican a nosotros, en cuanto miembros de la Iglesia, directamente. Así todos somos igualmente reos de la muerte de Cristo y de dura cerviz cuando seguimos renunciando a la gracia que se nos concede a diario en los sacramentos.

    A mi ese texto de Nostra Aetate, lo que me parece es que fue una victoria más de la propaganda judía que de otra cosa y ciertamente es de los menos problemáticos del Concilio.

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  5. Comparen la declaración Nostra Aetate en el tema de la distinta culpabilidad de los judíos con esta cita del Catecismo del Concilio de Trento:

    Y esta maldad mucho más grave puede parecer en nosotros que en los judíos, porque éstos, como afirma el Apóstol: “Si le hubieran conocido, nunca crucificaron al Señor de la gloria”. Mas nosotros profesamos haberle conocido, y con todo negándole con las obras, parece que en alguna manera ponemos manos violentas en él.

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